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José R. Hernández - De gloria en gloria

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José R. Hernández - De gloria en gloria

Mensaje  PREDICADOR el Miér Mar 14, 2012 7:49 pm

José R. Hernández - De gloria en gloria

Hace unos días atrás leí una ilustración que deseo compartir con ustedes. Un domingo en la mañana, una mujer y su pequeña hija iban de regreso a casa después de salir de la iglesia, y la niña le dice a la madre. Mama, no entendí algo de lo que dijo el pastor. ¿Qué no entendiste? -contesto la mama. La niña respondió: -el pastor dijo que Dios era más grande que todos nosotros. El pastor dijo que Dios era tan grande que Él podía sujetar al mundo en la palma de Su mano; ¿es verdad eso? La mama respondió: -si, Dios es mucho más grande que todos nosotros. La niña entonces dijo: -el pastor también dijo que una vez que aceptamos a Jesucristo como nuestro Rey y Salvador, Él vive dentro de nosotros; ¿es eso verdad? La mama nuevamente le respondió y le dijo: -si mi hija, todo lo que dijo el pastor es verdad. Entonces la niña se quedo pensativa, y pregunto: -pero si Dios es más grande que nosotros, y vive dentro de nosotros, ¿no sobresaldría Dios de nosotros? Algo para reflexionar.

¿Por qué he compartido esta reflexión con ustedes? He deseado iniciar con esta reflexión porque la gran realidad es que con cada día que pasa, más y más personas se separan, o deciden dejar de escuchar la Palabra de Dios. Esto es algo que queda bien reflejado en el resultado de La Encuesta de Identificación Religiosa Americana del 2008 (American Religious Identification Survey (ARIS) 2008), que es la encuesta más reciente, y donde encontramos que en el año 1990, un 86% de los americanos se identificaban como cristianos, pero que en el 2008 solo 76% lo hacía. La encuesta también descubrió que solo un 34% de la población se consideraban evangélicos, y que un 15% de de la población se consideraban ateos, agnósticos, o no religiosos.[1] Ahora las preguntas que debemos hacernos son: ¿por qué ha sucedido, y continua sucediendo esto? Y quizás más importante aún: ¿qué podemos hacer nosotros para disminuir la decadencia de la fe cristiana? Para encontrar la respuesta a nuestras preguntas, pasemos ahora a la Palabra de Dios.

2 Corintios 3:17-18 - Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. 18Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.

Como acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia. Corintios era la ciudad más importante de Grecia en el tiempo de Pablo. Corintios era un centro de comercio mundial, pero tenía una cultura degradada, y de religión idólatra. Lo que estaba sucediendo es que ésta inmoralidad y corrupción estaban causando problemas dentro de la iglesia. Esto es algo que queda muy evidente en 1 Corintios 1:11 cuando leemos: “…Porque he sido informado acerca de vosotros, hermanos míos, por los de Cloé, que hay entre vosotros contiendas…” Así que la razón por la que Pablo escribió esta carta fue para corregir actitudes inapropiadas y para promover un espíritu de unidad entre los hermanos, sus relaciones y la adoración. ¿Por qué es necesario que sepamos éstas cosas, y cómo se aplica todo esto a nosotros?

Es necesario tener un conocimiento de estos breves detalles porque a través de ellos, podemos darnos cuenta de que aunque esta carta fue escrita alrededor del 56 d.C., en realidad las personas no han cambiado mucho; nuestra sociedad se encuentra en más o menos en la misma situación. En otras palabras la mayoría de las personas se pasan la vida entera en búsqueda de placeres, títulos, y lo material en vez de buscar más de Dios. La mayoría de las personas en éste mundo están tan conectadas a la corriente de maldad que corre por éste mundo, que se han desconectado de Dios. Esto por supuesto es lo que le sucede a todo no creyente, pero desdichadamente en ocasiones también puede ser encontrado dentro del pueblo de Dios de hoy. Esto es algo que se hace evidente cuando nos fijamos en los porcientos de la decadencia de la fe cristiana encontrados en La Encuesta de Identificación Religiosa Americana del 2008, como les dije al inicio. Así que manteniendo estos breves detalles en mente, continuemos ahora con nuestro estudio de hoy.

Lo primero que vemos aquí es que se nos dice: “…Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad…” Estoy seguro que todos ustedes estarán de acuerdo conmigo cuando digo que una vez que entramos por la puerta de la iglesia, se nos olvida que existe allí afuera existe un mundo lleno de maldad. ¿Por qué nos sucede esto? La razón por la que experimentamos este tipo de serenidad es porque hemos aprendido a confiar, en que Dios nos ha liberado del reino de las tinieblas. Una vez que aceptamos a Cristo como nuestro Rey y Salvador, pasamos de vivir en un mundo corrupto y degradado a vivir en el Reino de Dios. Esto es algo que queda bien reflejado en las palabras de Señor según encontramos en Juan 15:19 cuando leemos: “…Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece…” Dile a la persona que tienes a tu lado: Jesús te libero. El Señor nos libero del renio de las tinieblas, esto quiere significa que cuando nos sometemos a Dios, el demonio no tiene potestad en nuestra vida. Esto es algo que queda extremadamente claro en Santiago 4:7 cuando leemos: “…Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros…” Pero lo que sucede es que en ocasiones, sin darnos cuenta, nosotros mismos le abrimos la puerta al demonio para que entre nuevamente en nuestra vida. ¿Cómo lo hacemos?

Una gran realidad es que nuestro enemigo es mucho más astuto y sabio que cualquiera de nosotros. Esto es algo que encontramos bien reflejado en Génesis 3:1 cuando leemos: “…Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho...” Y en Ezequiel 28:12 cuando leemos: “…Hijo de hombre, levanta endechas sobre el rey de Tiro, y dile: Así ha dicho Jehová el Señor: Tú eras el sello de la perfección, lleno de sabiduría, y acabado de hermosura…” Así que nuestro enemigo es muy astuto, y no descansa. Y aunque sabe que está vencido; aunque sabe que su tiempo en el mundo se está terminando, él continúa un ataque incesable en contra de la humanidad, pero especialmente en contra de los creyentes. Y es por eso que en 1 Pedro 5:8 se nos advierte: “…Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar…” ¿Cómo trata nuestro enemigo de entrar nuevamente en nuestra vida y hacernos esclavos?

La forma más común que utiliza para tratar de lograr su propósito, es constantemente visitando a nuestras amistades, familiares y a seres queridos, para que ellos ejerciten presión social en nuestra vida (actividades mundanas, borracheras, etc. etc.) La razón por la que emplea estas avenidas es porque él sabe que no tiene ningún dominio sobre nosotros; sin embargo, ese detalle no le detiene, ya que su propósito siempre ha sido de quitarle la gloria a Dios. Esto es algo que queda bien declarado en Isaías 14:12-14 cuando leemos: “…!Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones. 13Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; 14sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo…” Así que con estos detalles que hemos vistos hasta ahora encontramos la respuesta a nuestra primera pregunta. La razón por la que estamos viendo un decaimiento en la fe Cristiana es porque muchos sin darse cuenta, le han abierto la puerta al enemigo nuevamente, y han quedado encadenados. Pero no todo está perdido porque la realidad es que: “…donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad…” Y el Espíritu de Dios está presente para hacerte libre. Dile a la persona que tienes a tu lado: Dios te hace libre.

Continuando con nuestro estudio leemos: “…Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor…” La Traducción en Lenguaje Actual de la Biblia traduce este versículo de la siguiente forma: “…Y nosotros no tenemos ningún velo que nos cubra la cara. Somos como un espejo que refleja la grandeza del Señor, quien cambia nuestra vida. Gracias a la acción de su Espíritu en nosotros, cada vez nos parecemos más a él…” ¿Qué podemos hacer nosotros para aumentar la fe cristiana? La respuesta a esta pregunta la encontramos aquí en estos versículos. Y las palabras claves son: “…Somos como un espejo que refleja la grandeza del Señor…” Si queremos hacer disminuir la decadencia de la fe cristiana, las personas primeramente tienen que ver a Cristo.

Lo que ha sucedido es que los ojos de muchos han sido cegados por el dios de este siglo. Es como encontramos en 2 Corintios 4:3-4 cuando leemos: “…Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; 4en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios…”

La perdición, la maldad, la decadencia moral, y las trampas del enemigo, han cegado a las personas para que no puedan ver la verdad de Dios. ¿Cómo podrán ellos ver la verdad de Dios? De la única manera que ellos verán la verdad de Dios es que nosotros permitamos que Jesús sea reflejado en nosotros. Y este es el desafío que el apóstol le hace a todo creyente; él nos desafía a permitir que la imagen de Cristo sea reflejada en nosotros en todo momento. Pero ¿qué significa reflejar a Cristo? Reflejar a Cristo significa tratar de ser más como Él en todo momento. Reflejar a Cristo significa que vamos a perseverar en imitar Su carácter, naturaleza, y actitud. En otras palabras, hacer como encontramos en Efesios 5:1-2 cuando leemos: “…Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. 2Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante…” Dile a la persona que tienes a tu lado: imita a Cristo.

Es tiempo de decirle al demonio que no estamos dispuestos a escuchar sus mentiras. Es hora de decirle al demonio que no permitiremos que tome autoridad nuevamente en nosotros. Es tiempo de decirle que nosotros conocemos la verdad, y la verdad es que nosotros ya hemos ganado la batalla; la verdad es que la victoria sobre toda asechanza del diablo fue entregada a todo creyente fiel, y Su nombre es Jesús. Somos cristianos, hemos nacido de nuevo, y tenemos que permitir que la imagen de Cristo se refleje en todo lo que hacemos, decimos, y pensamos. Recordemos que el Señor nos saco de ese mundo de pecado; nos perdono, y nos limpio con su sangre. El Señor por su gran misericordia y amor nos acogió como Sus hijos. Pasamos de ser ciudadanos del mundo a ser ciudadanos en el Reino de Dios. Fíjense bien como esto es algo que queda bien reflejado en Lucas 22:29-30 cuando leemos: “…Yo, pues, os asigno un reino, como mi Padre me lo asignó a mí, 30para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis en tronos juzgando a las doce tribus de Israel…”

Para concluir. ¿Por qué ha decaído y continua decayendo la fe cristiana? La razón principal por lo que la fe cristiana ha decaído, y continua decayendo es porque el mundo se encuentra esclavo al dios de este siglo. El mundo ha sido cegado a la verdad de Dios, y ha aceptado y abrazado las mentiras del diablo. Y desdichadamente, esto no es algo que se limita al mundo, ya que como les dije, en ocasiones nosotros mismos le abrimos las puertas al enemigo para que entre nuevamente en nuestra vida. ¿Qué podemos hacer nosotros para contrarrestar esto?

Lo primero que tenemos que hacer es buscar restablecer, o fortalecer nuestra relación con Dios. En otras palabras, hacer como encontramos en Efesios 6:10 cuando leemos: “…Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza…” Y una vez que logremos esto, entonces tenemos que permitir que la imagen de Cristo sea reflejada en nosotros. Esto no quiere decir que tenemos que andar con la Biblia debajo del brazo en todo momento, para que todos vean que tú crees en Dios. En otras palabras, no estoy diciendo que nos pongamos un disfraz antes de salir a la calle. Recordemos lo que encontramos en 1 Samuel 16:7 cuando leemos: “…Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón…” Dile a la persona que tienes a tu lado: no te disfraces. Lo que les estoy diciendo es que tenemos que ser genuinos seguidores de Cristo. Lo que les estoy diciendo es que el Dios que es más grande que todos nosotros; que el Dios que ahora mora dentro de nosotros tiene que sobresalir en todo momento. Dile a la persona que tienes a tu lado: permite que Jesús se refleje en ti.


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