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David Wilkerson - Dándole a Dios todo el control

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David Wilkerson - Dándole a Dios todo el control

Mensaje  PREDICADOR el Miér Mar 14, 2012 8:24 pm

David Wilkerson - Dándole a Dios todo el control

Casi todos los lectores saben que la Corte Suprema de los Estados Unidos ha dictaminado que los Diez Mandamientos no pueden ser exhibidos en ninguna corte gubernamental. Esta decisión sin precedente ha sido cubierta exhaustivamente por los medios de comunicación. Pero, ¿qué significa este dictamen?
Una corte es donde las leyes son implementadas. Y los Diez Mandamientos representan la ley moral de Dios, que nunca se desvía o cambia. Está tan fijada como la ley de la gravedad. Si desafías esa ley, es como tirarte de un edificio alto. Puedes negar que la ley te afecta, pero hay consecuencias que seguramente pagarás.

Simplemente, los Diez Mandamientos son leyes eternas diseñadas por Dios para evitar que la sociedad se destruya a sí misma. Pero asombrosamente, muchas compañías pulidoras están trabajando ahora mismo moliendo esos Mandamientos—así como también el nombre de Dios—de dondequiera que estén grabados en mármol o concreto.

¡Que clara imagen del estado de nuestra sociedad! Estas leyes inalterables fueron originalmente grabadas en piedra por el mismo dedo de Dios. Y ahora están siendo borradas de la piedra por la ley del hombre.

Escucho a algunos cristianos decir, “¿Cuál es la gran cosa? No estamos bajo la ley. ¿Por qué debe ser esto una polémica? Me encojo cuando oigo esto. No, no estamos bajo la ley Hebrea, queriendo decir los 613 mandamientos adicionales añadidos por los rabinicos judíos. Pero cada cristiano está bajo la autoridad de la ley moral de Dios, que está resumida en los Diez Mandamientos. Ningún creyente puede justificar el cometer adulterio, robo o asesinato.

Me pregunto que pasa por la mente de Dios cuando estos pulidores borran sus leyes en presencia de nuestros ojos. Otra vez, algunos creyentes declaran, “No necesitamos estas exhibiciones de los Mandamientos. Todo lo que es realmente necesario es que estén escritas en nuestros corazones.” Eso no es lo que dice la Palabra de Dios. Considera la muy visible presencia que Dios quiso que los Mandamientos tuvieran cuando fueron entregados a su gente:

“Estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón… Las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; las escribirás en los postes de tu casa y en tus puertas. Se las repetirás a tus hijos, y les hablarás de ellas estando en tu casa y andando por el camino, al acostarte y cuando te levantes. (Deut. 6:6, 8-9, 7).

El horrible hecho es, que las fuerzas impías en nuestra sociedad han rechazado a Dios. Toda mención de él ha sido quitada de nuestras escuelas, cortes e instituciones publicas. Y pronto estas mismas fuerzas intentarán prohibir las palabras “Una nación bajo Dios” de nuestra Promesa de Alianza.

Creo que esta locura no irá desatendida por mucho tiempo. Estoy convencido que Dios actuará prontamente. Tomemos por ejemplo lo que ha ocurrido en Europa recientemente. El año pasado la Unión Europea trató de forzar una constitución que descaradamente rechazaba a Dios y definía a Europa como secular. Este decreto falló, pero los que lo dirigieron seguramente regresarán; no se darán por vencidos hasta que el nombre de Dios sea renunciado a través de toda Europa. Han hecho sus intenciones claras, indicando en esencia, “Dejen que Dios tenga su cielo. Dénos la tierra. Quiten la religión de nuestras caras.”


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Me pregunto que pasa por la mente de Dios mientras
pulidores borran sus leyes de delante de nuestros ojos.

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El hecho es, si no quieres a Dios a tu alrededor, El no se marcha simplemente. Considera lo que ha ocurrido en Europa desde que esa constitución fue introducida. Alemania y Francia enfrentan desempleo masivo. El costo de bienestar público está subiendo. Los cuerpos gubernamentales están paralizados, y hay confusión increíble por todo lado. Sin embargo, estos son solo los comienzos de un miedo y caos mayor que está por venir sobre la gente que rechaza a Dios abiertamente.

Ahora ese mismo espíritu anti-Dios que está trabajando en Europa está trabajando en América y nos debe afligir. La Biblia ofrece advertencia tras advertencia sobre este asunto. ¿Por qué juzgo Dios a la generación de Noe enviándoles una inundación? ¿Por qué la destrucción de Sodoma y Gomorra? Todo sucedió por la anarquía o perversión. La Biblia dice que en esas sociedades cada persona hizo lo que quiso y los piadosos se angustiaban sobre eso. Lot, quien vivió en Sodoma, se abrumaba diariamente debido a la perversión en su sociedad. (Vea 2 Pedro 2:8)


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Vemos el plan máximo Dios para una mundo
perdido y pervertido, en el alba de la historia de Israel.

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Al cierre del Libro de Génesis, Dios había escogido un pueblo pequeño e insignificante para convertirlo en una nación de enseñanza. Él quería levantar a un pueblo que fuera ejemplo vivo a los paganos de su bondad. Así, que para traer tal testimonio, Dios llevó a su pueblo a lugares que estaban más allá de su control. Aisló a Israel en el desierto donde solamente Él podía ser su única fuente de vida, cuidando de cada una de sus necesidades.

Israel no tenía control sobre su supervivencia en ese lugar desolado. No podían controlar la disponibilidad de comida o agua. No podían controlar su destino, ya que no tenían brújulas ni mapas. ¿Cómo podían comer y beber? ¿En qué dirección podían ir? ¿Y donde terminarían?

Desde los cielos te hizo oír su voz para enseñarte (Deut. 4:36). El pueblo de Dios escucharían sus palabras guiándolos y a su vez, ellos testificarían, “¿Ha oído pueblo alguno la voz de Dios…?” (vea 4:32-34)

Las naciones que rodeaban al Israel antiguo estaban llenos de “otros dioses,” ídolos hechos de madera, plata y oro. Estos ídolos eran mudos, no podía ver ni oír, incapaces de amar, guiar o proteger a la gente que los adoraban. Sin embargo, cada una de esas naciones podía mirar a Israel y ver una gente especial a quienes Dios lleva a través de un terrible desierto. Verían un Dios que hablaba con su pueblo, quien amaba y sentía, quien contestaba oraciones y proveía milagros. Allí estaba un Dios viviente, uno que guiaba a su pueblo en cada detalle de sus vidas.

Esta era la razón por la cual Dios levantó a Israel: para enseñarle al mundo pagano como es un Dios verdadero y vivo. Al mirar a las naciones, él vio una raza humana llena de violencia y anarquía, llorando penosamente a dioses que no podían ayudarlos. Era un mundo lleno de gente inquieta, luchadora, con mentalidad malvada quienes andaban extraviadas como ovejas sin pastor.

Así que Dios levantó a un pueblo que sería entrenado por Él. Tenía que haber un pueblo que viviera bajo su autoridad, quienes confiarían en Él totalmente, dándole total control sobre todo aspecto de sus vidas. Ese pueblo se convertiría en su testimonio ante el mundo.

¿Por qué querría Dios total control de un pueblo? ¿Por qué insistió en su confianza total en todas las cosas? Era porque solamente Dios conocía el camino. Solamente Él conocía su futuro y tenía el poder de traerlos a su descanso completo. Y Él haría lo imposible que era necesario para llevarlos allí.

Por esta razón Israel fue colocada en situaciones que no podían controlar. Enfrentaron tribulaciones que no podían entender, pruebas que estaban más allá de su fuerza para sobrellevar. Dios los puso en estas crisis para invocar su fe. Él quería llevarlos a través de esas experiencias para aumentar su confianza, para que sin importar lo que deparaba el futuro, pudieran decir, “Dios nos ha librado y nos librara otra vez. Él nos trajo a través de las plagas de Egipto, y de la esclavitud del faraón. Toda gloria al Señor en nuestra presente crisis.

Amados, esta es la manera en que Dios aun produce fe en su pueblo. Nos lleva a pruebas ardientes a las cuales no podemos sobrevivir con nuestra propia fuerza. Enfrentamos problemas que no pueden ser solucionados excepto a través de milagros de liberación. Ves, como Israel, estamos destinados a ser el “pueblo trofeo” de Dios.

Él nos quiere como su ejemplo a un mundo perdido: una gente llevados al final de sí mismos, quien ven ante ellos montañas intransitables, mares que no pueden cruzar, imposibles experiencias desérticas y quienes declaran, “Esto está más allá de mí. Tomara milagros para verme a través de esto. No puedo lidiar esto por mí mismo y no puedo razonarlo. Ninguna persona o institución puede librarme. El Señor es mi única esperanza. Tengo que darle total control de mi vida y mi futuro. Voy a confiar en Él en todos mis caminos.

¿Así, que elección hizo Israel? Respondieron con arranques de desconfianza e incredulidad—es más, diez tales arranques. Y finalmente Dios dijo, “Basta.” Considera el resumen de la Biblia sobre ellos: “Y vemos que no pudieron entrar a causa de su incredulidad.” (Hebreos 3:19). Tristemente, esos antiguos Israelitas no se convirtieron en ejemplo de un pueblo que dependía totalmente de Dios, sino, mas bien, en ejemplos de incredulidad.


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Según los profetas, Dios enviaría a su propio Hijo
para levantar a un pueblo de los últimos días
quienes dependerían totalmente de Él.

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Este pueblo de los últimos días sería levantado por Cristo mismo. Y serían gobernados por Dios, guiados por el Espíritu, y totalmente rendidos al Señor en toda área de la vida. Jesús nos demostró esto, viviendo totalmente dependiente del Padre. Él apareció no meramente como el último Adán, sino como él último “hombre patrón,” el ejemplo máximo de lo que Dios estaba buscando: alguien quien le daría al Padre total control de su vida.

“He descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.” (Juan 6:38). “De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre. … porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del Padre, que me envió.” (5:19, 30).

Sabemos que Jesús dependía totalmente del Padre y él es nuestro ejemplo de rendimiento y confianza. Ciertamente, él nos hace claro que tal vida es posible para nosotros. Casi todos los cristianos están de acuerdo, diciendo, “Sí, así es como debemos esforzamos en caminar. No debemos vivir con miedo y ansiedad, tratando de resolver nuestros problemas nosotros mismos. Mas bien, debemos colocar nuestras vidas e inquietudes en sus manos.”

Si realmente vivimos así, Dios debe ser el capitán de nuestras almas ahora. ¿Pero, lo es? Para muchos en la iglesia, la respuesta es claramente no. Cantamos canciones sobre Jehová Jireh, nuestro proveedor, y citamos todos los nombres de Dios – El Shadai Adonai, Jehová, Elohim—así como los nombres gloriosos de Cristo: Mesías, Señor de señores, Rey de reyes. Pero tan pronto se presenta nuestra próxima crisis, lloramos y cuestionamos la fidelidad de Dios. Y nos entregamos a la duda y el miedo, dependiendo de nuestro ingenio para encontrar un escape.

Muchos cristianos leen la Biblia regularmente, creyendo que es la Palabra viva de Dios revelada para sus vidas. Una y otra vez en las paginas de la Escritura, leen sobre generaciones que escucharon la voz de Dios. Leen acerca de Dios hablándole a su pueblo una y otra vez con esta frase repetida una y otra vez: “Y Dios dijo….” Sin embargo, estos mismos cristianos viven como si Dios no le habla a su pueblo hoy.

Una generación entera de creyentes ha venido a hacer decisiones completamente por si mismos, sin orar ni consultar la Palabra de Dios. Muchos simplemente deciden que quieren hacer, y después le piden a Dios que lo valide. Se mueven a sí adelante forzosamente, su única plegaria siendo, “Señor, si esto no es tu voluntad, entonces detenme.”

Estamos viviendo ahora en un tiempo referido como “la generación de parpadeo.” La gente esta hacienda decisiones en un abrir y cerrar de ojos. Un libro de mayor venta ha sido escrito sobre este concepto, titulado Parpadeo: El Poder de Pensar sin Pensar. La teoría es, “Confía en tus instintos. Decisiones hechas en un abrir y cerrar de ojos han probado ser mejores.”

Piensa en todo el apurado “lenguaje de parpadeo” que escuchamos todos los días: “Esta es la oferta del siglo. Puedes hacer un montón en un DIA. Pero solo tienes una corta oportunidad. ¡Consíguelo ahora! El espíritu detrás de todo esto es, “Parpadea, parpadea, parpadea.”

Tal manera de pensar ha comenzado a infectar a la iglesia, afectando las decisiones hechas no solo por “cristianos de parpadeo” sino también por “ministros de parpadeo.” Un sin numero de feligreses confundidos han escrito relatando la misma historia: “nuestro pastor regresó de una conferencia de crecimiento de iglesia e inmediatamente anunció, “A partir de hoy, todo cambia.” ¡Él decidió que nos convertiríamos en una de esas populares modas de iglesias de la noche a la mañana! Ni siquiera nos pidió que oráramos sobre esto. Todos estamos confundidos.”

Hacen solo unos años, la contraseña entre los cristianos era, “¿has orado sobre este asunto? ¿Has buscado al Señor sobre ello? ¿Están tus hermanos y hermanas rodeándote con oración? ¿Has recibido consejo santo?”

Te pregunto, ¿ha sido esta tu practica? En el pasado año, ¿cuantas decisiones importantes has hecho donde honestamente has llevado el asunto a Dios y orado sinceramente? ¿O, cuantas de esas decisiones has hecho en un “abrir y cerrar de ojos?” La razón por la cual Dios quiere total control de nuestras decisiones es para salvarnos de desastres—lo cual es exactamente donde casi todas nuestras “decisiones de parpadeos” terminan.


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¿Cómo le damos a Dios completo control de nuestras vidas?

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No hay una formula para vivir totalmente dependiente del Señor. Todo lo que te puedo ofrecer es lo que Dios me ha estado enseñando en esta área. Él me ha enseñado dos cosas sencillas sobre como darle total control.

Primeramente, tengo que estar convencido que el Señor esta ansioso y deseoso de hacerme conocer su voluntad, aun en los detalles más pequeños de mi vida. Tengo que creer que el Espíritu Santo que habita en mi sabe cual es la voluntad de Dios para mí, y que me guiará y me hablará.

“Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad,… Él me glorificará, porque tomará de lo mío y os lo hará saber.” (Juan 16:13-14). Jesús nos esta diciendo que el Espíritu Santo nos transmutara la mente y voluntad de Dios. “Entonces tus oídos oirán detrás de ti la palabra que diga: Este es el camino, andad por él…” (Isaías 30:21).

Quizás ahora mismo estas en medio de alguna aflicción, quizás una causada por una decisión de parpadeo. Aun así, el Señor te promete, “Tu oído interno escuchará mi Espíritu diciéndote, “Ve en esa dirección. Haz esto. Y no hagas eso…”

Segundo, tenemos que orar con una fe firme por el poder para obedecer la dirección de Dios. La escritura dice, “Pero pida con fe, no dudando nada, porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor” (Santiago 1:6-7).

Cuando Dios nos dice que hagamos algo, necesitamos poder para poder permanecer el curso y obedecerle totalmente. A través de cinco décadas de vida en ministerio, he aprendido que Satanás y la carne siempre sembrarán dudas y preguntas en mi mente. Y necesito la fuerza del cielo para no decir “sí” a cualquier situación que Jesús ha dicho “no.”

Muchos de nosotros oramos, “Señor, sé lo que me has dicho. Pero todavía no estoy seguro que esa era tu voz la que estaba hablando. Es más, ni siquiera sé si soy lo suficiente espiritual para tan siquiera reconocer tu voz. Por favor, solo abre o cierra la puerta para mí en este asunto.”

Esa no es la respuesta de fe que él esta buscando de sus hijos. Puedes orar todo lo quieras, por horas o aun días a la vez, llorando y suplicando. Pero si no oras con fe—creyendo que el Espíritu Santo te guiará, tal como Jesús ha prometido—la mente de Dios nunca será transmitida a ti. Él espera hasta que estás comprometido a aceptar cualquier cosa que te diga y obedecerle sin cuestionar. Nuestra respuesta a él debe ser, “Señor, tú eres el Capitán de mi salvación. Que se haga tu voluntad en mi vida.”

A veces, Dios puede pedirte que hagas algo totalmente irrazonable. Para un pastor campestre como yo, era absolutamente irrazonable dejar mi pequeño pueblo y partir hacia la ciudad de Nueva York a predicarle a miembros de pandillas. Estaba contra toda razón él decirme, “Ve a Brooklyn, a las viviendas públicas en Fort Greene, y testifica ante la pandilla Mau Mau.”

Hubo solo una razón por la que fui: porque Dios me dijo que lo hiciera. Allí fue donde conocí a Nicky Cruz. Ahora, décadas después, los cientos de miles que se han entregado a Cristo como resultado de esa dirección irrazonable continua multiplicándose.

Dios no engaña a su pueblo; él ha prometido hacer su voluntad clara a todos los que le buscan. Y cuando le damos total control de nuestras vidas, escucharemos su voz detrás de nosotros, diciendo: “Este es el camino, siervo amado. Ahora camina en él con confianza. Tengo todo bajo control.”


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