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José R. Hernández - Honremos a nuestra madre

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José R. Hernández - Honremos a nuestra madre

Mensaje  PREDICADOR el Miér Mar 14, 2012 8:00 pm

José R. Hernández - Honremos a nuestra madre

Hoy aquí en este país se celebra el día de las madres; no estoy muy seguro de como surgió este día tan especial, pero si les puedo decir que estoy muy de acuerdo con el.

El papel que desenlaza una madre es algo que en muchas ocasiones no es apreciado, pero es un papel crucial en el crecimiento de toda persona. No quiero que me vayan a mal interpretar, no estoy diciendo que los padres somos menos, pero si les digo que la madre es un papel muy esencial en el crecimiento de toda persona porque la mayoría de las veces las madres son las que nos protegen, apoyan, instruyen, y nos animan a perseverar aun cuando las situaciones o circunstancias no están a nuestro favor. Les puedo decir que a través de mi carrera secular yo he podido alcanzar ver estas cuatro cualidades en numerosas ocasiones, y casi siempre se puede mejor expresar cuando he recibido esa respuesta “¿qué quieres que haga, es mi hijo?” Pero tal como he podido ver estas cualidades, también he podido ver el dolor reflejado en las caras de numerosas mujeres debido a las malas acciones y mal comportamiento de parte de esa persona quien ella cargo en su vientre, esa persona que formo literalmente parte de su ser, y quien ella cuido por tanto tiempo. Es por eso que hoy quiero que hoy hagamos un reconocimiento a toda madre en esta congregación, y a toda madre que recibe esta predica. Quiero que le demos las gracias por todo lo que han hecho, y continúan haciendo por todos aquellos que a lo mejor no se lo han agradecido. Pasemos ahora a la Palabra de Dios.

Éxodo 2:1-10 - Un varón de la familia de Leví fue y tomó por mujer a una hija de Leví, 2 la que concibió, y dio a luz un hijo; y viéndole que era hermoso, le tuvo escondido tres meses. 3 Pero no pudiendo ocultarle más tiempo, tomó una arquilla de juncos y la calafateó con asfalto y brea, y colocó en ella al niño y lo puso en un carrizal a la orilla del río. 4 Y una hermana suya se puso a lo lejos, para ver lo que le acontecería. 5 Y la hija de Faraón descendió a lavarse al río, y paseándose sus doncellas por la ribera del río, vio ella la arquilla en el carrizal, y envió una criada suya a que la tomase. 6 Y cuando la abrió, vio al niño; y he aquí que el niño lloraba. Y teniendo compasión de él, dijo: De los niños de los hebreos es éste. 7 Entonces su hermana dijo a la hija de Faraón: ¿Iré a llamarte una nodriza de las hebreas, para que te críe este niño? 8 Y la hija de Faraón respondió: Ve. Entonces fue la doncella, y llamó a la madre del niño, 9 a la cual dijo la hija de Faraón: Lleva a este niño y críamelo, y yo te lo pagaré. Y la mujer tomó al niño y lo crió. 10 Y cuando el niño creció, ella lo trajo a la hija de Faraón, la cual lo prohijó, y le puso por nombre Moisés, diciendo: Porque de las aguas lo saqué.

La primer cualidad que podemos encontrar aquí en estos versículos es que esta madre, la madre de Moisés, le protegió. Ella le protegió de que fuese matado (Éxodo 1:15-16; 22). Aun cuando este acto de insurrección le pudo haber costado a ella su libertad y quizás su vida, ella le protegió y le salvo de la muerte. ¿Por qué estaba ella dispuesta a correr este riesgo? Ella estaba dispuesta porque su amor por ese hijo era mayor que cualquier cosa que le pudiese suceder. Quiero que reflexionemos en el amor que nuestra madre nos han demostrado a través de los años. Quizás algunos de nosotros tengamos memorias de momentos difíciles, quizás tengamos memoria de momentos malos o desagradables de nuestra niñez, pero si ese es el caso quiero que en el día de hoy entreguemos esos pensamientos y esas memorias a nuestro Señor Jesucristo, entreguémosle a Él esa carga, y olvidemos esos malos momentos que quizás no ha tocado atravesar (Mateo 11:28). Ahora, no a todos nos ha tocado atravesar por momentos difíciles, pero lo que sí les puedo decir es que todos fuimos protegidos por nuestra madre. Quizás algunos digan que esto no es así en su vida, pero si hacemos una reflexión del papel de la madre en el hogar veremos que si fuimos protegidos. Cuándo nacimos, ¿podíamos nosotros sobrevivir sin la protección de la madre? La respuesta es no. La realidad del caso es que de toda la creación de Dios, el ser humano es el más débil. Débil en el sentido que un ser humano cuando nace no puede valerse por el mismo, un ser humano tiene que depender de un adulto para poder sobrevivir. Sin la protección de un adulto, y por supuesto siempre es la madre, un recién nacido nunca alcanzara ver su juventud. Y hablando de la juventud, una de las cosas más común en los jóvenes es que piensan que los padres son muy estrictos, conozco esa manera de sentir muy bien porque también me sentí así.

Muchos de los jóvenes piensan que la madre es muy estricta y que no se le permite hacer muchas cosas por capricho, pero les digo a todos que no es capricho sino protección. Si nos ponemos a reflexionar en nuestras vidas, todos podremos ver que a través de ella nuestra madre siempre nos ha protegido físicamente y nos ha alejado del mal. Nuestra madre nos ha protegido moralmente enseñándonos la diferencia entre el bien y el mal (Proverbios 6:20-23). Nuestra madre nos ha protegido emocionalmente alejándonos de esas cosas que quizás nos causarían dolor. Nuestra madre nos ha protegido espiritualmente no dejando de orar por nosotros pidiendo que Dios pusiera Su mano en nuestros corazones.

La madre de Moisés le protegió hasta que ella ya no podía más, la Palabra aquí nos dice: “Pero no pudiendo ocultarle más tiempo, tomó una arquilla de juncos y la calafateó con asfalto y brea, y colocó en ella al niño y lo puso en un carrizal a la orilla del río”. A primera vista esto le puede lucir a muchos que esto no es proteger a una criatura, ya que lanzarlo en un rió en una cesta de juncos seria algo muy peligroso, pero debemos notar que ella no lo lanzo en el rió como lo pintan las películas en el cine, ello coloco cuidadosamente esa cesta en el carrizal a la orilla del rió, y lo hizo después de haber tomado gran cuidado de que la cesta estuviese bien sellada para que flotase. No solo esto, cuando continuamos leyendo vemos que la Palabra nos dice: “Y una hermana suya se puso a lo lejos, para ver lo que le acontecería. 5 Y la hija de Faraón descendió a lavarse al río, y paseándose sus doncellas por la ribera del río, vio ella la arquilla en el carrizal, y envió una criada suya a que la tomase”. Aquí podemos ver claramente que aun cuando ella se alejo de su hijo, ella continuaba protegiéndole. ¿Cómo puede usted decir eso pastor? Lo puedo decir porque ella dejo a su hermana que vigilase lo que sucedería, y estoy seguro que si ella hubiese visto algún peligro ella no hubiese permitido que la pasara nada al niño. Lo puedo decir porque estoy seguro que no fue por coincidencia que ella decidió poner al niño a la orilla del rió a ese tiempo y en ese lugar. Ella sabia que la hija del faraón estaría cerca, ella sabia que la hija del faraón le encontraría. Pero, ¿fue toda su confianza puesta en la hija del faraón? La respuesta es no, ella confió en Dios, ella era una sierva fiel (Salmos 27:10).

¿Cuál fue su recompensa? Dios le concedió que ella criase a su hijo. Aquí leemos: “Y cuando la abrió, vio al niño; y he aquí que el niño lloraba. Y teniendo compasión de él, dijo: De los niños de los hebreos es éste. 7 Entonces su hermana dijo a la hija de Faraón: ¿Iré a llamarte una nodriza de las hebreas, para que te críe este niño? 8 Y la hija de Faraón respondió: Ve. Entonces fue la doncella, y llamó a la madre del niño, 9 a la cual dijo la hija de Faraón: Lleva a este niño y críamelo, y yo te lo pagaré. Y la mujer tomó al niño y lo crió”. ¿Creen que todo esto sucedió por coincidencia? La respuesta es no, todo esto sucedió porque Dios puso su mano, sucedió porque Dios vio que esta madre era una sierva fiel, y vio el amor que tenia en su corazón; vio el temor de Dios en su corazón y vio el amor que ella sentía por su hijo. ¿Creen que Moisés llego ha ser el hombre de Dios que fue por coincidencia? La respuesta es no. Dios le entrego a esta madre la responsabilidad de criar a esta criatura, y ella lo hizo enseñándole, instruyendo, apoyando, y alentando en todo momento. No cabe duda de que, durante su crianza en la casa de sus padres, Moisés seria bien instruido en los principios religiosos del judaísmo y en el conocimiento de la historia de los patriarcas de Israel. Si nos ponemos a hacer memoria, creo que la mayoría de nosotros recordaremos que fue mama quien nos enseño la diferencia entre el bien y el mal. Fue ella quien nos conforto cuando estuvimos enfermos. Fue ella quien nos preparaba esos platos deliciosos que nos gusta comer. Recordemos también todas esas ocasiones cuando mama nos tiro la toalla escondiendo de papa nuestros errores, defectos e indisciplina. ¿Por qué fue todo esto? Fue por su amor por nosotros, fue por ese amor materno que no tiene comparación con nada aquí en la tierra. Pero, ¿Se acuerda alguien de haber sido castigado por mama? Yo les puedo decir que en ocasiones yo era un poco travieso, y si fui castigado. Aunque en el momento no lo veía como algo justo, aunque en el momento no me gustaba en nada, le doy gracias a mi madre por esos castigos, porque a través de esos castigos me demostró su amor (Proverbios 13:24). El trabajo de la madre en muchas ocasiones no es apreciado, no se le da el valor que merece, en muchas ocasiones muchos hijos le causan gran dolor (Proverbios 15:20).

Quiero que notemos algo aquí; aquí leemos: “Y cuando el niño creció, ella lo trajo a la hija de Faraón, la cual lo prohijó, y le puso por nombre Moisés, diciendo: Porque de las aguas lo saqué”. ¿Pueden ver el dolor que esto le causo a su madre? Creo que sin duda alguna todos podemos decir que si, ya que el entregar a su hijo en las manos de una mujer ajena, y más que todo en las manos de una mujer quien era enemigo del pueblo de Dios le tuvo que haber causado gran dolor. Esto es algo que esta muy evidente, pero leyendo entre las líneas debemos reconocer que el dolor tuvo que correr aun más profundo de este simple hecho. Leyendo entre las líneas debemos comprender que la madre de Moisés le crió sin poderle decir que ella era su madre. Esto significa que Moisés mientras crecía nunca la reconoció por lo que ella era, nunca de dio el valor que ella se merecía; Moisés mientras crecía le vio a ella como una esclava, le vio como una persona inferior a él en todo momento. ¿Alcanzan ver el dolor de esta madre? Muchos de nosotros hacemos algo igual, no es que no sepamos quien es nuestra madre, pero si les puedo decir que no todos le damos el merito y el reconocimiento que ella merece. Hacemos cosas que de manera intencional o accidentalmente las hieren, despreciamos su consejo (Proverbios 1:8), y en ocasiones podemos llegarla a ver como inferiores. Pero no obstante todo esto, en algo que siempre podemos contar es en el amor de nuestra madre. La madre de Moisés le toco pasar por momentos difíciles, ella le toco sufrir por lo que seguro le aparento como una eternidad, pero ella se mantuvo firme, ella se mantuvo fiel. Si encuentras que en tu vida no le has dado el merito que tu madre merece, si encuentras que en tu vida no la has apreciado, si encuentra que en tu vida le has causado dolor, pídele hoy perdón. Quizás tu madre ya no este viva, y no tengas manera de pedirle perdón, pero si este es el caso, honrale con tu memoria de ella. No te concentres en lo malo que pudo haber sucedido entre ella y tu, no te concentres en las malas memorias que puedan existir, honrala recordando ese amor que ella te demostró (Proverbios 20:20). Honra hoy a tu madre, perdona en tu corazón, y recibe la paz de Dios.

Para concluir. Honremos hoy a nuestra madre, démosle hoy las gracias por no apartarse de nuestro lado cuando más débiles éramos. En el día de hoy démosle gracias a nuestra madre por no permitirnos reunirnos con esas amistades que todos conocemos solo conducen a los problemas. En el día de hoy démosle gracias a nuestra madre por preparar esos platos tan deliciosos que tanto nos gusta. En el día de hoy démosle gracias a nuestra madre por enseñarnos el bien del mal, y por protegernos en todo momento. El trabajo de la madre pasa por desapercibido en muchas ocasiones, pero no permitas que un malentendido, no permitas que una mala acción, o que una mala memoria te impida reconocerle y darle el merito que ella merece (Proverbios 23:22). Perdona en tu corazón, y dile a ella hoy y siempre “gracias madre, te amo”.


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