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José R. Hernández - Cansado de batallar

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José R. Hernández - Cansado de batallar

Mensaje  PREDICADOR el Miér Mar 14, 2012 7:56 pm

José R. Hernández - Cansado de batallar

Quiero comenzar en el día de hoy con una pregunta. ¿Cuántos de ustedes piensan que mientras más tratan menos territorio avanzan? En otras palabras, ¿cuántos están luchando en contra de cosas que aparentan ser indestructibles? Hago estas preguntas porque muchos de nosotros nos enfrentamos a situaciones en nuestro diario vivir, ya sea en la familia, trabajo o la iglesia que en muchas ocasiones nos aparentan ser indestructible o imposible. Debido a esto muchos en el pueblo de Dios se cansan de batallar, y a consecuencia nos rendimos o le cedemos territorio al enemigo; territorio que no le pertenece. Le cedemos territorio para que acampe un ejercito de demonios listos para invadir nuestras vidas con el solo propósito de destruir la obra que Dios ha iniciado en nosotros, y de robarse las bendiciones que Dios derrama sobre Su pueblo. Esto es algo que pasa con mucha frecuencia, y es por eso que quiero que nos enfoquemos en ese tema en el día de hoy. La realidad es que el ministerio esta en un grave problema; quiero detenerme aquí por unos segundos y hacer una aclaración. Cuando digo el ministerio no me estoy refiriendo a este ministerio en particular, cuando hablo del ministerio me refiero a la iglesia de Cristo. El ministerio esta sufriendo debido a la apostasía, negligencia, y desanimo por parte del pueblo de Dios. Pero también sufre grandemente porque en muchas ocasiones los siervos de Dios se cansan de batallar. Así que hoy estaremos utilizando unos versículos que nos demostraran lo que la iglesia necesita, hoy estaremos analizando lo que hace falta en todo momento en toda congregación. Pasemos ahora a la Palabra de Dios, y aprendamos lo que se necesita hoy estudiando el pasado.

Éxodo 17: 8-13 - Entonces vino Amalec y peleó contra Israel en Refidim. 9 Y dijo Moisés a Josué: Escógenos varones, y sal a pelear contra Amalec; mañana yo estaré sobre la cumbre del collado, y la vara de Dios en mi mano. 10 E hizo Josué como le dijo Moisés, peleando contra Amalec; y Moisés y Aarón y Hur subieron a la cumbre del collado. 11 Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; mas cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec. 12 Y las manos de Moisés se cansaban; por lo que tomaron una piedra, y la pusieron debajo de él, y se sentó sobre ella; y Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno de un lado y el otro de otro; así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol. 13 Y Josué deshizo a Amalec y a su pueblo a filo de espada.

Aquí en estos versículos encontramos que no mucho después de salir de Egipto, el pueblo de Dios se enfrenta a una gran batalla contra el pueblo de Amalec. Quiero que notemos que no fue mucho después de su salida de Egipto, porque esto es un patrón que el enemigo usa con frecuencia. En otras palabras, lo que quiero que notemos aquí es que el enemigo lanzo un fuerte ataque contra el pueblo de Dios después de una gran bendición. Cuando analizamos el capitulo desde el inicio vemos que el pueblo de Dios estaba desanimado, estaba comenzando en el camino a la rebeldía, y todo comenzó porque ellos estaban sedientos en medio del desierto (Éxodo 17:2-3). Pero no obstante esto, no obstante este inicio en el camino a la rebeldía, Dios derramo una gran bendición sobre Su pueblo, Dios se glorifico ante ellos para que no cupiese duda alguna en sus mentes que Él les supliría y guardaría en ese caminar (Éxodo 17:6). Así que sin duda alguna podemos ver el patrón del enemigo, él ataco al pueblo de Dios de una manera fuerte acto seguido de ellos recibir luna gran bendición. Les pregunto, ¿continua sucediendo esto hoy en día? Hermanos, lo que le sucedió a ese pueblo no es muy diferente a lo que nos sucede a nosotros individualmente, y lo que le sucede al ministerio, lo que le sucede al pueblo de Dios. Les digo esto porque cuando nos ponemos analizar los momentos cuando más fuerte somos atacados podremos ver que en casi toda ocasión son acto seguido después de una gran bendición. Los amacelitas eran una tribu nómada y predatoria, el ejercito de nuestro enemigo no es muy diferente. El ejercito de nuestro enemigo esta buscando constantemente a las personas que no están completamente firmes, esta buscando a las personas que se puedan encontrar en una situación igual o similar al pueblo de Dios en ese entonces, buscando a personas que estén en comienzo de un camino de rebeldía, a personas que no estén confiados en la gracia y providencia de Dios. Están buscando personas en el pueblo de Dios para atacarles, y robarles las bendiciones que Dios le ha entregado. ¿Qué lección debemos aprender de este acontecimiento histórico? Existen tres puntos esenciales que debemos aprender.

Primero; tenemos que reconocer que todos aquí, que todos los que seguimos a Cristo tenemos un enemigo en común. Aquí Moisés y este pueblo tenían a los amacelitas que les querían destruir. Nosotros tenemos que reconocer que tal como ese pueblo se enfrento contra los amacelitas, nosotros estamos en un estado de guerra contra el ejercito de los poderes de la tinieblas (Efesios 6:12). Nuestro enemigo es muy astuto en sus tácticas, y tratara cualquier cosa en cualquier momento para destruirnos. El aprovechara la primera oportunidad cuando estemos cansados y que nuestra guardia este baja. Lo he dicho en numerosas ocasiones, y no me canso de repetirlo, el principal campo de batalla es nuestra mente, y el enemigo la usa para engañar, tentar, mentir, inspirar malos pensamientos, confusión, dudas, temor, desanimo, etc. Esta guerra esta siendo peleada desde hace ya mucho tiempo, y el pueblo de Dios ha sufrido grandes perdidas. En esta batalla participaron dos ejercito, los amacelitas y el pueblo de Israel. En la guerra espiritual participan dos ejércitos también, el ejercito de Dios y el ejercito de Satanás. Una gran realidad acerca de nuestro adversario es que él es un gobernador poderoso y es malvado. Nuestro enemigo tal como el ejercito amacelita viene a destruir y robar pero Cristo vino al mundo para que recibamos la bendición de Dios, y la recibamos en abundancia (Juan 10:10). El enemigo si tiene gran poder, si tiene a su disposición un ejercito que no descansa, si es astuto en sus ataques, pero con todo lo inteligente que es, con todo lo malvado y canalla que es, existe algo que no deja de ser. Satanás es un enemigo derrotado (Colosenses 2:15; 1 Juan 4:4). ¡Jesús destruyo las obras del diablo! (1 Juan 3:8).

Segundo; si queremos vencer los ataques del enemigo tenemos que hacerlo unidos como el gran ejercito de Dios que somos. En estos versículos que estamos usando hoy leemos: “Y dijo Moisés a Josué: Escógenos varones, y sal a pelear contra Amalec; mañana yo estaré sobre la cumbre del collado, y la vara de Dios en mi mano”. Aquí vemos que Moisés escogió a Josué como líder y le dijo que reuniera un ejercito, que reuniera a varones para que salieran a pelar en contra de este enemigo que ahora les salía al encuentro. Déjenme decirles que el ejercito de varones que Josué reunió no era nada comparado al ejercito de los amacelitas. Josué salio a pelear contra ese ejercito con grandes desventajas; el ejercito que reunió Josué estaba falta de disciplina, no estaba bien armado, y estaba atribulado a consecuencia de tanto tiempo de esclavitud. Pero no seria la fuerza del ejercito quien vencería a los amacelitas, seria la intercesión y oración de Moisés quien les daría la victoria. No seria el poder militar quien les daría la victoria, seria el poder de Dios. Continuando leemos “Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; mas cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec.” Mientras Josué luchaba, Moisés oraba y tenia la vara de Dios en su mano alzada al cielo; Moisés levantaba esta vara para animar a los soldados, era como una bandera izada que despertaba el entusiasmo en ellos. Ellos peleaban, pero Moisés intercedía apelando a Dios para que Él les entregara la victoria. El gran error que cometemos es que en muchas ocasiones nosotros comenzamos a interceder por una persona o por una situación, pero al no recibir una respuesta inmediata, pues dejamos de orar. En muchas ocasiones comenzamos a interceder con fervor, sacudimos los cielos con nuestras oraciones, pero rápidamente perdemos interés y no perseveramos porque no hemos recibido los resultados que esperábamos. En otras ocasiones nos envolvemos tanto en las cosas de este mundo que se nos olvida interceder. Estamos tan preocupados con las cosas de este mundo, nuestra mente esta tan preocupada con las cosas insignificantes, que se nos olvida levantar un clamor al cielo (Filipenses 4:19). ¡Basta ya!, no podemos permitir que el enemigo ponga interrogatorios en nuestras mentes, que ponga duda, que detenga nuestra comunicación con Dios.

Tercero; todos necesitamos ayuda. Porque la batalla no fue nada fácil o se termino rápidamente, aquí leemos que algo sucedió, aquí leemos “Y las manos de Moisés se cansaban”. Quiero detenerme aquí por un instante y analizar esto del cansancio con más detalle. En el caso de Moisés vemos que a el se le cansaron los brazos de sostener la vara alzada en las manos por tanto tiempo. El cansancio es algo que afecta a muchos en este caminar. Es algo que afecta al pueblo de Dios en general, pero les puedo decir que es algo que afecta a muchos lideres, que afecta a muchos pastores, diáconos y ministros. Tal como Moisés, llega el momento en la vida de muchos lideres cuando se encuentran completamente cansados de luchar y batallar.

Los lideres se cansan de ver que mientras más tratan, mientras más se esfuerzan, menos repuesta reciben del pueblo, y quiero que noten que dije del pueblo y no de Dios. El pueblo de Dios hoy en día esta muy desanimado, esta muy apático, tal parece que mientras más palabra de Dios escuchan, menos entienden. Es por eso que vemos que las sectas y falsas religiones crecen todos los días más y más. Por eso vemos como muchos abandonan su ministerio, vemos como otros menosprecian la bendición que Dios le ha dado de poder servirle dentro de Su iglesia. Vemos como nuestros hermanos en la fe se cansan de batallar en contra del pecado y a consecuencia caen nuevamente en la trampa del demonio. Y todo esto lo vemos porque no existe la unión y apoyo dentro de la iglesia que debería existir. Las manos de Moisés se cansaron, pero fíjense bien que en ese momento ellos no abandonaron el campo de batalla, en ese momento leemos que ellos hicieron algo que nosotros debemos aprender y hacer, la palabra nos dice “por lo que tomaron una piedra, y la pusieron debajo de él, y se sentó sobre ella; y Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno de un lado y el otro de otro; así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol”. Ellos le ayudaron en el momento cuando él estaba débil, ellos le ayudaron en ese momento de agotamiento y cansancio. Si queremos tener éxito como iglesia, entonces todos debemos reconocer que nos necesitamos los unos a los otros (Filipenses 2:3-4). Tenemos que reconocer que tenemos que levantar y sujetar los brazos de aquellos que se puedan encontrar debilitados (1 Tesalonicenses 5:14). Tenemos que reconocer que todos necesitamos ayuda, que todos necesitamos intercesión, y que es la responsabilidad de cada uno de nosotros de ayudar a nuestros hermanos y hermanas con esas cargas que le deshabilitan o le causan cansancio (Gálatas 6:2).

Para concluir. Como les dije al inicio, el ministerio esta en grave problema; la iglesia de Cristo esta en grave problema. ¡La iglesia te necesita a ti! Los lideres no lo pueden hacer todo, el líder no puede ser el único responsable de luchar. Se necesitan hombres y mujeres como Josué, se necesitan personas obedientes y dispuestas a enfrentarse a la batalla, dispuestas a enfrentarse a ese ejercito del enemigo, aun cuando el grupo de personas que dirijas no sea el mas poderoso. Se necesitan hombres y mujeres como Aarón y Hur, personas dispuestas a levantar los brazos de los cansados. Dispuestos a ayudar en todo momento a todo aquel que se pueda encontrar debilitado o cansado. Cuando esto sucede, cuando todos asumimos la preposibilidad que nos toca, entonces obtendremos una victoria. ¿Qué sucedió con ese pueblo en ese entonces? La palabra nos dice: “Y Josué deshizo a Amalec y a su pueblo a filo de espada”. Nosotros también podemos ser victoriosos, el pueblo de Dios si puede avanzar en todo momento, porque tenemos también la espada que es la palabra de Dios (Hebreos 4:12). Pero tenemos que asumir nuestras posiciones y responsabilidad. Josué lucho, Moisés intercedió y Aarón y Hur le sirvieron de apoyo; un equipo completo fue el que venció el ataque del enemigo a través del poder de Dios y no el suyo. La iglesia necesita este equipo, el cuerpo de Cristo necesita este tipo de persona e interacción entre los creyentes. Comencé el día de hoy con unas preguntas, los dejo con otra, ¿qué tipo de persona eres tu?

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