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José R. Hernández - Dónde está Dios?

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José R. Hernández - Dónde está Dios?

Mensaje  PREDICADOR el Miér Mar 14, 2012 7:48 pm

José R. Hernández - ¿Dónde está Dios?

Hace un tiempo atrás escuche un chiste que deseo compartir con ustedes hoy. Resulta ser que unos padres tenían dos hijos bastante problemáticos. Una niña de 8 años y un barón de 10. Resulto que los padres estaban teniendo una gran dificultad en controlarlos y decidieron buscar ayuda. Fueron, hablaron con su pastor, y él pronto accedió a hablarles a los muchachos. Hicieron una cita y los padres primero trajeron al más adulto, trajeron al barón a la oficina del pastor. Al entrar el niño en la oficina encontró al pastor sentado detrás de su escritorio con una mirada impresionante. El pastor le dijo que se sentara en la silla que estaba directamente al frente de él, y así lo hizo el muchacho. Una vez que se sentó, en un tono autoritario, el pastor le pregunto: ¿dónde esta Dios? Existía un gran silencio en la habitación y el niño no dijo nada. Nuevamente el pastor pregunto: ¿dónde esta Dios? Pero el silencio persistía aun más. Esto sucedió tres veces, y a la tercera vez, el niño se levanto de la silla, y salió corriendo de la oficina del pastor. Corrió y corrió hasta llegar a su casa, entro por la puerta y subiendo las escaleras corrió hasta la habitación donde se encontraba su hermana, y con una voz bien alarmado le dijo: ¡Estamos en tremendo problema! Al cual ella respondió: ¿por qué? ¿Qué paso? Y respondiendo él le dijo, aparentemente Dios se ha perdido y nos están echando la culpa a nosotros. La primera vez que escuche este chiste pensé que era algo bien cómico, pero en realidad este breve momento de humor trata con una pregunta bien seria que es hecha con frecuencia. Es por esto que hoy deseo que exploremos ésta pregunta, ¿dónde esta Dios? Pasemos ahora a la lectura de la Palabra de Dios.

Juan 14:15-21 - Si me amáis, guardad mis mandamientos. 16Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: 17el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros. 18No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros. 19Todavía un poco, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis; porque yo vivo, vosotros también viviréis. 20En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros. 21El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él.

Como pudimos apreciar en la predica de la semana pasada, hoy en día estamos escuchando y viendo cosas suceder cosas que nos dejan alarmados. Estamos viendo suceder cosas que nos entristecen, y que en la mayoría de los casos se roban nuestro gozo y animo. No solo escuchamos de éstas cosas pero en éste tiempo en que vivimos, éste tiempo dónde la tecnología está tan avanzada llegamos a ver las imagines, los rostros, y el sufrimiento tal como si estuviéramos presente. Como les dije, estamos viendo suceder cosas que nos dejan en un estado depresivo y si no estamos firmes en nuestra creencia, si no estamos firmes en nuestra fe, entonces no le será nada difícil al enemigo implantar la duda en nuestra mente, para que lleguemos a dudar o cuestionar la existencia de Dios. Esto es algo que el mundo, es decir los no creyentes, hace constantemente. Las personas en el mundo se pasan la vida haciendo comentarios como: “si Dios existiera estas cosas no pasarían” o quizás, “¿qué Dios permite que algo semejante suceda?” ¿Ha escuchado esto o algo semejante alguna vez?

Les puedo decir que esto se escucha con frecuencia en el mundo, especialmente en estos últimos días a la luz de los acontecimientos tan horribles que hemos visto suceder; pero desafortunadamente estos mismos comentarios también son escuchados ocasionalmente de algunos dentro del pueblo de Dios. Esto sucede porque desgraciadamente no todo creyente se encuentra parado firme en la roca. No todo creyente tiene una fe absoluta capaz de soportar o resistir las diversas pruebas o tribulaciones sin cuestionar el propósito de Dios, y es por eso mismo que algunos llegan a cuestionar la misma existencia o presencia de Dios. Esto todo causa que el creyente en ocasiones se llegue a sentir como si estuviera huérfano o completamente desamparado. Al ver como en ocasiones las injusticias son ignoradas, y como el malo y perverso aparenta progresar más que aquellos que buscan el bien y la benevolencia, causa que algunos creyentes se sientan solos. Pero, ¿es esto la verdad? ¿Estamos desamparados? ¿Estamos solos enfrentándonos a las situaciones sin la menor esperanza de poder vencer? La respuesta es un absoluto ¡NO!

En estos versículos que estamos estudiando en el día de hoy encontramos que nuestro Señor nos dice: “Si me amáis, guardad mis mandamientos. 16Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: 17el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros. 18No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros.” Así que aquí nuestro Señor nos dice claramente que no estamos solos y desamparados. Él nos dice claramente que Él siempre está con nosotros. Pero en estos versículos también encontramos que existe una condición para que podamos experimentar esta constante presencia. Fíjense bien como Él nos dice cuando leemos “Si me amáis, guardad mis mandamientos.” ¿Pero qué quiere decir esto? ¿Qué significa amar a Cristo?

Cuando se habla del amor se esta hablando acerca del sentimiento más fuerte que el ser humano puede poseer y existen diferentes tipos y niveles. Por ejemplo, existe el amor de una madre, el amor de un padre, el amor de una esposa, el amor de un esposo, el amor de un hermano, el amor de una hermana, el amor de un familiar, el amor por una amistad, el amor por un compañero; existen diferentes tipos de amor pero lo que todos tienen en común es que según el nivel o tipo del amor que sentimos, esto nos guía o conduce a actuar de manera especifica. ¿Qué quiero decir con esto? El amor en muchas ocasiones significa que tendremos que tragarnos nuestro orgullo, que tendremos que perdonar ofensas que nos han herido, que tendremos que continuar resistiendo o soportando una situación cuál nos pueda causar una molestia. El amor genuino es algo que vence toda oposición, y es algo que no puede ser detenido por una circunstancia o situación. Entonces esto todo quiere decir que el amar a Cristo significa estar dispuestos a servirle en todo momento; el amar a Cristo significa que estamos dispuestos para ser utilizados, que estamos dispuestos a que pase lo que pase y salga el sol por donde salga, permitiremos que Dios ocupe el primer lugar en nuestra vida.

El amar a Cristo significa el nunca dudar de Su poder, Su majestad y Su gloria. El amar a Cristo es el testificar que Él vive, el amar a Cristo es el demostrar a través de nuestro comportamiento y actitud que vivimos siguiendo Sus pasos. Jesús sabe muy bien el significado de está palabrita tan corta, pero tan poderosa. En Juan 3:16 encontramos que se nos dice “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” El amor que Dios sintió por nosotros fue lo que motivo al Padre a enviarnos la salvación por mediación de la sangre de Su Hijo amado. Y este mismo amor fue el que motivo que Él nos enviara al Espíritu Santo para que nunca estuviésemos solos. La Palabra nos dice claramente “No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros.” Dile a la persona que tienes a tu lado, no estamos solos. Pero para poder experimentar ésta presencia en nuestra vida tenemos que amar a Dios de la misma manera que Él nos ama. Esto significa que permitiremos que Dios ocupe el primer lugar en todo lo que somos. Esto significa que tomaremos el tiempo de pensar antes de reaccionar o tomar una determinación. Esto significa que antes de hacer algo nos preguntaremos: ¿agradaría lo que estoy haciendo o a punto de hacer a Dios? En otras palabras, tenemos que tomar el tiempo de escuchar la voz del Espíritu Santo que ahora mora en nosotros que nos guía y da convicción en todo momento. Tenemos que permitir que el Espíritu Santo detenga esa voz interna de la carne que trata constantemente de guiarnos hacia la rebeldía, la ira, y la duda.

El Señor aquí nos dice “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él.” Eso es una promesa de Dios, así que cuando sentimos un amor genuino por Él entonces sentiremos Su presencia en nuestra vida. Pero la pregunta es, ¿cómo podemos desarrollar este amor? Para contestar esta pregunta solo tenemos que pensar en cómo se desarrolla el amor entre las parejas. Reflexionemos en esto por un momento para determinar si lo que les digo tiene sentido. ¿Qué es lo primero que sucede entre las parejas? Lo primero que sucede es que existe una atracción mutua, al hombre le agrada la mujer y a la mujer le agrada el hombre. Pero para que ésta atracción inmediata se convierta en un amor genuino, la pareja tiene que conocerse. Es imposible amar a una persona genuinamente sin antes conocerle; pensemos en esto y veremos que es la verdad.

¿Podemos decir con franqueza que amamos al señor Francisco que vive en California? Primero de todo sé que todos se están preguntando ¿quien es Francisco?, y éste es el punto que les quería hacer. Hermanos antes de que podamos amar a alguien primero tenemos que conocerle. Así que antes de que podamos amar a Cristo, primero tenemos que conocerle. Es por esta razón que todos tenemos que buscar más de Dios, les digo esto porque si no lo hacemos así pues entonces se nos hará bien fácil el distorsionar la verdad, se nos hará bien fácil él apartarnos de su camino, y se le hará bien fácil al enemigo destituirnos de la presencia de Dios. Si no estamos buscando más de Él, si no estamos tratando de conocerle más y más, pues entonces nunca tendremos un encuentro genuino con Él, nunca llegaremos a amarle. Pero, ¿cómo podemos lograr esto? ¿Cómo podemos conocerle? Lo podemos lograr haciendo lo mismo que hicimos cuando primero conocimos a nuestra esposa o esposo. Lo podemos lograr de la misma manera que muchos están haciendo ahora mismo al tratar de conocer a su novia o novio. Lo hacemos aprendiendo quien realmente es, y esto es algo que solo podemos encontrar, y que está claramente detallado en la Palabra de Dios. Dile a la persona que tienes a tu lado, Cristo es un libro abierto.

No existe nada escondido de Cristo; así que, le podemos conocer estudiando y meditando en Su palabra. Pero existe otro aspecto de suma importancia en el proceso que no puede ser ignorado o sobrevisto, este aspecto es la comunicación. Al igual que nosotros todos hicimos el tiempo para hablar y compartir tiempo a solas con nuestra otra mitad, y al igual que hacemos el tiempo para hablar y compartir tiempo con aquellos que amamos, tenemos que hacer tiempo para comunicarnos y compartir tiempo con Dios. Tenemos que llegar ante Su presencia en oración y súplica, presentándole nuestros temores, problemas y preocupaciones. Tenemos que llegar ante Su presencia presentándole nuestras alabanzas y adoraciones. Al igual que hicimos el tiempo para pasar tiempo a solas con nuestra otra mitad para poder conocerle, tenemos que pasar tiempo a solas con Dios. Apaga el teléfono, apaga el televisor o la radio, pon un letrero en tu puerta que diga NO MOLESTAR. En otras palabras, apaga al mundo, y pasa tiempo a solas con Dios. Dile a la persona que tienes a tu lado, apaga al mundo.

Aunque es verdad que de la única manera que podremos conocer a Cristo es a través de la Palabra de Dios, solamente le conoceremos a través de estudiar y meditar en Su palabra, para llegar a conocerle verdaderamente existe algo que tenemos que hacer. No es suficiente conocer la Palabra. Si decimos que amamos a Cristo tenemos que hacer mas que esto; si verdaderamente amamos a Cristo no solamente conoceremos Su palabra, sino que caminaremos en Su palabra en todo tiempo. Es como encontramos en 1 Pedro 1:14-16 cuando leemos “como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; 15sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; 16porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.” El primer paso para conocerle es la Palabra de Dios; pero para poder desarrollar un amor genuino de Dios, tenemos que caminar en santidad en todo momento, tenemos que ser morales, íntegros, decentes, rectos, y sin reproche. Una persona que verdaderamente ama a Cristo tiene que servir de ejemplo en este mundo de maldad. Fíjense bien como nos dice la Palabra en Tito 2:6-8 cuando leemos “Exhorta asimismo a los jóvenes a que sean prudentes; 7presentándote tú en todo como ejemplo de buenas obras; en la enseñanza mostrando integridad, seriedad, 8palabra sana e irreprochable, de modo que el adversario se avergüence, y no tenga nada malo que decir de vosotros.” Lo que sucede es que existen muchas personas que profesan ser creyentes, pero que nunca han tenido un verdadero encuentro con Cristo, nunca han sentido un amor genuino y profundo por Él. No permitas que esto suceda en tu vida, porque de permitir esto, entonces se te hará muy difícil guardar Sus mandamientos.

Para concluir. La pregunta que muchos se hacen al ver los eventos horribles que acontecen, y al atravesar por situaciones difíciles siempre es ¿dónde esta Dios? Pero la gran realidad es que Dios no está lejos de nadie. Dios está aquí presente en este momento; fíjense bien cómo nos dice el Señor en Mateo 18:19-20 cuando leemos “Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. 20Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.” Dios está aquí presente y disponible para toda persona que desee acercarse a Él.

Dios está aquí presente para escuchar nuestras súplicas, para perdonar nuestros pecados, para restaurar nuestra vida, y para reforzar nuestra firmeza. Pero existe una condición cual debemos cumplir si queremos que siempre esté presente, tenemos que amarle y guardar sus mandamientos. Tenemos que amarle con el mismo amor que Él siente por nosotros. Tenemos que dejar que Él ocupe el primer lugar en nuestra vida. El mundo no le conoce, el mundo no puede creer en Él porque no le pueden ver, pero nosotros, los creyentes, los verdaderos cristianos, no nos hace falta verle. No nos hace falta verle porque nosotros le sentimos; “el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.” Nosotros sentimos la presencia de nuestro Dios y cuando desarrollamos un verdadero amor por Él vemos su gloria, majestad y poder en todas las circunstancias en nuestra vida.

No podemos permitir que el enemigo implante la duda en nuestra mente, porque de hacer esto le estamos permitiendo que nos aparte de la presencia de Dios. Recordemos siempre que el enemigo desea que nos sintamos solos y desamparados, pero que nosotros que verdaderamente amamos a Dios no estamos solos, y nunca lo estaremos porque Cristo siempre está con nosotros. ¿Dónde esta Dios? ¡Él esta aquí! Dios está aquí muy profundo dentro de mi corazón, Él es todo lo que soy y lo que puedo ser.

Pero ahora les dejo con una pregunta para reflexionar, ¿Dónde esta Dios en tu vida? Recordemos siempre sus palabras “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él.”

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