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Thomas A. Davis - ¿Qué Es La Conciencia? La Voz de Dios en el Alma

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Thomas A. Davis - ¿Qué Es La Conciencia? La Voz de Dios en el Alma

Mensaje  PREDICADOR el Dom Mar 25, 2012 4:46 pm

Thomas A. Davis - ¿Qué Es La Conciencia? La Voz de Dios en el Alma

Un niño de cuatro años, que estaba jugando solo en el jardín, el parte posterior de su casa, vio una pequeña tortuga deambulando por el pasto. Con un impulso de agresividad, que a veces ese niño de-mostraba tener, levantó la mano para castigar al animalito. Inmediatamente un voz dentro de él le dijo claramente: “¡Eso está errado!”.
Sobresaltado, el niño corrió hacia la casa y le contó a su mamá su experiencia. “¿Qué fue lo que me dijo que está errado?”, le preguntó a su madre.
Con lágrimas corriendo por su rostro, su madre lo tomó en brazos y le dijo: “Algunos la llaman conciencia, pero yo prefiero llamarla la voz de Dios en el alma del hombre. Si tú la escuchas y le obe-deces, ella hablará cada vez en una forma más clara, y siempre te guiará por el camino seguro. Pero si tú no le prestas atención y le desobedeces, se irá esfumando poco a poco, y que darás en la tiniebla sin un guía. Tu vida depende en escuchar esa pequeña voz”.
Esa madre impresionó a su hijo diciéndole que la conciencia es una facultad vital e importante. ¿Pero es realmente tan importante? Revisando los índices de los libros de la psicología moderna, podr-íamos llegar a la conclusión de que no lo es, porque muchos ni siquiera colocan esa palabra en los índi-ces. Probablemente esto se debe a que los psicólogos y los psiquiatras modernos no usan la palabra conciencia, debido a que para ellos tiene una connotación religiosa. Ellos no pueden aceptar ningún elemento sobrenatural en ese concepto. Para ellos, lo que los cristianos piensan acerca de la conciencia, es apenas un eco de las costumbres tribales y el resultado de un proceso acondicionador, el cual es in-mensamente diferente del concepto cristiano que aquí estamos analizando.
En su libro “Éticas Cristianas Personales” de Carl F. H. Henry, él dice que “la conciencia, en la vida contemporánea, es un expósito (recién nacido abandonado). Su paternidad es cuestionada, su exis-tencia es fastidiosa, sus demandas de atención y responsabilidad no tienen ningún peso... Pensamiento moderno... relega fácilmente al recién nacido al completo abandono”. Página 509.
Una concordancia de la Versión King James (en inglés) de la Biblia, indica que esa palabra (con-ciencia) no aparece en ninguna parte en el Antiguo Testamento, aun cuando la encontremos unas treinta veces en el Nuevo Testamento.
La ausencia de esta palabra en el Antiguo Testamento no significa necesariamente que este con-cepto no haya existido en esa época. Al contrario, es frecuentemente encontrado. Leemos que después que Adán y Eva comieron de la fruta prohibida, se “escondieron de la presencia del Señor” (Gen. 3:8). Esto revela conciencias culpables. Las conciencias de los hermanos de José estaban afligidas debido al tratamiento que le habían dado a él (Gen. 42:22). La conciencia de David lo acusaba, su “corazón se turbó” (1 Sam. 24:5), porque le había cortado un pedazo a la túnica de rey Saúl. Y lo atormentaba ince-santemente después de haber asesinado a Urias el Hitita y de su adulterio con la esposa de Urias (ver Salmo 51:3,8,14), hasta que se arrepintió y confesó todos sus pecados.
La declaración de que “el impío huye sin que nadie lo persiga” (Prov. 28:1) se refiere a acciones, o tal vez poéticamente a actitudes, como resultado de temores engendrados por una conciencia conde-natoria. Una expresión similar puede ser aplicada a lo que hoy sería llamado una persecución compleja.
Originalmente, parece ser, lo que nosotros llamamos hoy de conciencia era mirado simplemente como un aspecto del conocimiento; esa parte especial del conocimiento que le dice al hombre que es un ser moral responsable. Él estaba enterado que era un objeto que hacía parte del conocimiento que pa-recía sentarse en juicio en implicaciones morales de sus pensamientos, palabras, actitudes y acciones, de su rectitud en todo detalle, a despecho de sus propias inclinaciones o deseos.
Para los Judíos del tiempo de la Biblia la conciencia era mirada como una función de lo que la Versión King James llama el corazón, lo cual a su vez era una palabra comodín para todo aspecto de la vida consciente. Incluía, y era una especie de fuente, de los sentimientos, afecciones, deseos, pensa-mientos, principios, la voluntad, acciones, el todo del hombre interno vital. Job está hablando acerca de una clara conciencia cuando dice que su corazón no se lo reprochará (Job 27:6). El corazón endurecido de Prov. 28:14 es una conciencia que ha sido desensibilizada. La palabra corazón es a menudo usada de una manera similar hoy en día.

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Re: Thomas A. Davis - ¿Qué Es La Conciencia? La Voz de Dios en el Alma

Mensaje  PREDICADOR el Dom Mar 25, 2012 4:47 pm

El concepto de conciencia que nosotros tenemos hoy, como una función de la razón independiente de otras funciones del conocimiento, comenzó a surgir en la literatura de los Griegos.
Un cuadro interesante es traído a la mente por la palabra traducida del griego como “conciencia” en el Nuevo Testamento. Su significado es co-conocimiento”, y sugiere una especie de segundo cono-cimiento, independiente, que permanece se parado de, pero que posee un conocimiento igual que el co-nocimiento original que el hombre posee de sus actos y actitudes.
Usando este concepto Pablo parece, de alguna manera, personificar la conciencia en Rom. 2:15 y 9:1. “Su conciencia es llamada como testigo y sus propios pensamientos argumentan el caso para cual-quiera de los dos lados”. "Yo estoy diciendo la verdad como cristiano, y mi propia conciencia, ilumina-da por el Espíritu Santo, me asegura que no es mentira”. (NEB).
En Gal. 3:24 Pablo compara a la ley con un “guardián” (RSV), normalmente un viejo y confiable esclavo por su propio dueño romano, con la tarea de ser un guardián del hijo del dueño durante los años en que él fuese menor de edad. Este esclavo no era un profesor, sino que meramente un guardián que tal vez podía disciplinar en un cierto grado.
Los Griegos usaban la misma palabra que la RSV traduce como guardián, para denotar concien-cia. Ellos entendían que su función no era tanto la de enseñar como la de dirigir y proteger. Un aspecto del trabajo de la conciencia puede ser visto en Rom. 2:15, citado anteriormente es: “Ellos (los gentiles) muestran que lo que la ley requiere está escrito en sus corazones, mientras que sus conciencias también dan testimonio y sus pensamientos conflictivos los acusan o tal vez los excusen” (RSV).
Pablo sugiere aquí cuatro entidades distintas: 1) La ley; 2) el corazón en el cual la ley está escrita; 3) la conciencia y 4) los pensamientos.
La “ley” se refiere a los principios morales básicos ordenados por Dios que son implantados en cada persona. El “corazón” significa, como se ha dicho anteriormente, el todo del hombre consciente interior. La “conciencia” es el testigo independiente que desinteresadamente testifica de lo que sabe de la ley escrita en el corazón. Los “pensamientos”, el funcionamiento de la facultad de razonar, nos re-cuerda uno de los argumentos de los abogados donde la ley ha estado guardada.
La similitud de la conciencia con un testigo sugiere otra idea: un testigo puede estar errado. Pero dejaremos esta idea para otro capítulo.
Algunas personas sugieren que la conciencia es apenas un instinto. Esto no puede ser. De hecho, la conciencia parece ser algo opuesto al instinto. El instinto nos insta a seguir nuestras inclinaciones e impulsos. La conciencia frena estas reacciones. El instinto no es una prole de la razón; la conciencia probablemente es el más noble hijo de la razón.
La conciencia ha sido comparada a diversas cosas, como si fuese un censor, una voz, un ojo, un policía, un juez. Cada una de estas figuras ilustra la función de la conciencia de una perspectiva parti-cular.
Como censor, la conciencia evalúa los pensamientos, actitudes, motivos, palabras y acciones, y registra su evaluación. Es diferente a un censor en cuanto a que no borra los pensamientos y las acciones ofensivas. Ella deja eso libre para que sea resuelto por la facultad de la libertad.
Como voz, la conciencia nos “habla” así como le habló al niño que estaba a punto de herir a la tortuga. Isaías se refiere a eso: “Entonces tus oídos oirán a tus espaldas palabra que diga: este es el ca-mino, andad en él, y no os desviéis ni hacia la derecha ni hacia la izquierda”. Isa. 30:21.
Como ojo, la conciencia puede ser vista como un centinela vigilante moral que mira profunda-mente dentro de nosotros. George MacDonald la llama “el ojo profundo”, mirando silenciosamente to-do aspecto del conocimiento que posea implicaciones morales. Como policía o juez, hace cumplir o in-terpreta la ley moral tal como él la entiende. La conciencia no hace la ley.
La esencia de la conciencia es que ella nos dice imperativamente que hagamos lo correcto. (Lo que la facultad “entiende” ser “la cosa correcta” también es un asunto para otro capítulo). En este aspecto es variable. Y en este aspecto la conciencia es una parte integral de nuestra constitución. Ella “viene con el modelo”.
Durant Drake describe el lugar de la conciencia: “El conocimiento sólo es débil, marginal en nuestras vidas. A menudo pecamos en pleno conocimiento de las penalidades que nos aguardan. Nece-sitamos algo más dinámico, presión, tanto cuanto información. La conciencia es ese impulsor. Sus mandatos pesan sobre nosotros, y no serán silenciados. La razón juega apenas una parte muy débil en la mayoría de nosotros; y para contrabalancear nuestra incurable desobediencia, nuestros deseos recurren-tes que siempre quieren algo que no se debe poseer sin tener que pagar un alto costo, no solo la débil voz del conocimiento, sino que la firme notificación de su poderosa respuesta psicológica”. Problemas de Conducta (Boston: Houghton Miffin Company, 1921), página 46.
En la página siguiente él continua: “Una introspección, aun cuando sea comprensible y clara, es apta como para continuar en algún lugar encerrado en nuestras mentes cuando aparece el impulso san-guíneo... Nuestro intelecto está embotado por nuestras emociones, y por lo tanto no consigue funcionar correctamente. Necesitamos de un mecanismo más instintivo, más enraizado, un imperioso ¡ALTO! en el corto instante que existe entre el pensamiento pecaminoso y el acto pecaminoso. La conciencia no es apenas un profesor y un impulsor, es un centinela”. Página 47.
Alguien dijo que el “carácter es lo que nosotros somos en la oscuridad”. La conciencia tiene un papel principal que jugar “en la oscuridad”. Porque ella opera cuando no hay ningún peligro de descu-brimiento, cuando no hay ninguna persona a la cual apuntar con el dedo acusatorio o para dejar la mano restringida. Ella nos advierte de una retribución donde, de otra manera, no habría ninguna amenaza de retribución.

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Re: Thomas A. Davis - ¿Qué Es La Conciencia? La Voz de Dios en el Alma

Mensaje  PREDICADOR el Dom Mar 25, 2012 4:47 pm

Debe haber sido en este contexto que el eminente filósofo inglés Arnold Toynbee dijo, “cuando el hombre está solo, por lo menos él está solo de todos... menos de Dios, y esta confrontación es formi-dable”.
En vista de lo anterior, entonces, la conciencia debe ser una facultad dada al hombre por Dios. Dios le dio al hombre una inteligencia capaz de entender y de apreciar la ley moral; Él lo hizo respon-sable ante esa ley. Él también le dio una conciencia para impresionar las demandas de esa ley sobre él. En la creación Él colocó dentro del hombre el principio de aprobación o de desaprobación, de recom-pensa y punición. Es en un camino que el hombre se encuentra directamente con Dios.
Pareciera que sin las peculiares dimensiones de la advertencia y de la responsabilidad que pro-viene cuando la conciencia trae la ley para resistir, sus reclamos impresionan muy poco al hombre. Sus demandas tal vez producen apenas un pequeño efecto emocional o volitivo sobre él, no mayor que el efecto que produciría la señal de un semáforo colocado en la remota villa donde vive un hombre de la selva.
La importancia de la conciencia en el hombre puede ser mejor comprendida considerando lo que podríamos ser sin una conciencia, al no haber ninguna restricción por parte de Dios.
Separados totalmente de la conciencia, seríamos moralmente seres espantosos, corriendo por la competencia con otros seres morales igualmente espantosos, en un mundo temerosamente anarquista. Porque la razón, divorciada de la conciencia, no sería primariamente moral, sino que una facultad en-raizada dirigida por la conclusión, y la cual trabajaría para el egoísmo. La voluntad, alejada de la con-ciencia, no es positiva, sino que moralmente negativa. O puede ser descrita como inmoral. Y los senti-mientos, no dirigidos por la conciencia, son puramente emocionales, animales.
De tal manera que sin conciencia, aun estando la ley moral escrita en el corazón, como dice Pablo, no habría ninguna fuerza interior o autoridad lo suficientemente fuerte o lo suficientemente interesada como para administrarla.
Así, sin conciencia, ya que somos criaturas pecaminosas, todas nuestras demás facultades se prostituirían hacia el mal. Estaríamos decididos a servir el yo, sin ser tocados por los derechos o nece-sidades de los demás, moviéndonos determinadamente a lo largo del camino de la autosatisfacción. Es-taríamos buscando siempre satisfacer nuestro terrible egoísmo, limitados a nuestras aspiraciones egoís-tas, solamente por la fuerza o la debilidad en relación al egoísmo de los demás. Seríamos simplemente bestias egoístas temerosas. De hecho, el hombre que no es controlado por la conciencia (el cual, como veremos, es dirigido por el Espíritu Santo) sería, con sus grandes talentos y capacidades para llevar a cabo grandes imaginaciones hacia el mal, peor que la más cruel de las bestias.
Esto es en lo que Satanás se ha convertido. Su conciencia murió hace muchos milenios. Por lo tanto él no conoce el amor, la piedad, la compasión, la misericordia, la justicia. Esto puede florecer so-lamente en una conciencia viva. Satanás solamente sabe poseer odio consumidor, un orgullo torturante, un egoísmo exigente que lo consume todo, pero que nunca está satisfecho. Y ese es el nivel al cual quiere llevarnos.

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